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Laura Pausini, en la carrera de los Oscars: “Nunca soñé con ser famosa”

La cantante italiana más internacional de la historia recuerda cómo superó su inseguridad y logró una carrera de éxitos, a los que suma el Globo de Oro y la candidatura al Oscar por su canción ‘Seen (Io sì)’

Solo bebe vino –“con agua: un pecado”– en las celebraciones familiares; eso sí, no deja ni una miga en el plato. La cantante italiana más internacional de la historia, con cien millones de discos vendidos, tardó treinta años en aprender a quererse: sufría por el peso. El éxito de Seen (Io sì), de la banda sonora de la película La vida por delante, la devuelve a la actualidad al ganar un Globo de Oro y estar nominada a la próxima edición de los Oscar en la categoría de mejor canción original.

Laura Pausini (Faenza, 1974) empezó a cantar con diez años. Su padre tocaba el teclado, el acordeón, el bajo, y cantaba a Lucio Dalla y Franco Batiatto, aunque por encima de todos adoraba a Charles Aznavour. Cuando, años más tarde, su hija grabó con el chansonnier francoarmenio, padre e hija vivirían un instante de éxtasis, pero entonces Patrizio se ganaba la vida en restaurantes y piano-bares de Rávena, Bolonia y Parma. Y Laura lo acompañaba.

No estudié canto, mis padres no tenían dinero para enviarme a otra ciudad. Mi escuela fueron los piano-bares: allí copiaba lo que escuchaba

“No estudié canto; mis padres no tenían dinero para mandarme a otra ciudad. Pero sí aprendí música con un profesor, en Solarolo. Tocaba la flauta travesera. Mi escuela fueron los piano- bares: copiaba lo que escuchaba. Dependiendo del local teníamos que cantar un estilo u otro: una noche jazz, otra clásicos americanos, o italianos… Me ayudó a conocer la música del mundo; a comprender el papel de la letra; a explorar la necesidad de decir algo”, cuenta desde su casa de Roma.

La aplaudían a rabiar cuando tiraba de pulmones con New York, New York, como Liza Minelli, y cuando versionaba clásicos de Tina Turner y Ornella Vanoni, de la que se declara fan. Tam-bién interpretaba bossa nova, a Maria Bethania o Elis Regina. “Nunca he soñado con ser famosa –confiesa–, y creo que es la verdadera razón por la que disfruto al mil por ciento lo que hago. Mi primer sueño fue ser arquitecta, y, si no, quería tocar sola en el piano-bar, sin mi padre, porque ninguna mujer lo hacía”.

Tras ganar el Festival de San Remo con tan solo 18 años supo que al finalista le habían ofrecido un 12% de los beneficios de sus discos y a ella la mitad. Le dijeron que las mujeres no vendían. Pero con su naturalidad, su pellizco romántico y su poderosa voz fue escalando posiciones. Capaz de transmitir una emoción intensa, devino en estrella pop internacional cantando en italiano y español. Su padre custodia todos sus premios: “me sirve para no créemelo”. Vio la ceremonia de los Globos de Oro en casa de sus padres, con su núcleo duro. Como siempre, creía que no ganaría.

“Soy mitad de mi padre –locura, sueño, aventura– y de mi madre, profesora de italiano: racional y disciplinada, que no cree en los sueños. Ella quería que fuera farmacéutica, pero a mí no me interesaba nada… Aún hoy me dice: “con la Covid, si hubieras sido farmaceútica, hoy serías lo máximo”.

Soy mitad de mi padre -locura, aventura-y de mi madre, profesora racional y disciplinada, que no cree en los sueños. Quería que yo fuera farmacéutica

Pero usted emprendió el vuelo…

Sabía que era muy difícil, pero, ya que tuve la oportunidad, quería aprovecharla… Fue muy inesperado ganar en San Remo. Entonces supe que mi deber era no solo dar lo máximo posible a la música, sino también a mi alrededor. No sublimo el éxito para no caer en el fracaso.

¿Es exigente, hiperperfeccionista?

Sí. La vida me trajo algo que no soñé. A veces siento culpa por esto tan grande que me ha llegado… Y nunca estoy contenta del todo, siempre me digo: “hoy he cantado mal, o medio mal…”. Mi exigencia proviene del compromiso: conmigo misma, con el público, con la música que escribo…

Su nombre pasará a la historia como el de la cantante italiana más internacional y premiada…

Lo entiendo más como una responsabilidad que como una certeza: da miedo. Cada vez que gano un premio, el siguiente reto es mayor.

Tengo mucho dinero, no te voy a mentir. Vivo de manera privilegiada, pero en mi puerta no verás un Ferrari. Mi mayor extravagancia son los zapatos

Hoy es millonaria.

Mis padres estaban preocupados porque, en la música, un día dejas de vender. Yo aprendí a tener cuidado, y siguen diciéndome que no derrocho. Eso sí, compré una casa para mis padres después de haber vendido 25 millones de discos. Sigo creyendo que mi gran suerte es mi familia: ellos me educaron para entender la fama, el dinero y el éxito de una manera sana.

Entonces no persigue una vida de lujos… pero, ¿cuál es su mayor extravagancia?

Tengo mucho dinero, no te voy a mentir. Vivo de manera privilegiada, pero en mi puerta no verás un Ferrari. Las cosas sofisticadas no me gustan. Una vez me compré una mesa de ping-pong en Francia, en versión de lujo, y ahora me avergüenzo un poco cuando vienen amigos a casa… Quizás mi mayor extravagancia sean los zapatos: no me importan las marcas, pero si me gusta un modelo lo compro en varios colores. Tengo un cuarto lleno…

Usted no esconde su espiritualidad. ¿Cómo la definiría?

Visitábamos con mis padres asilos y pasábamos el día con los mayores, jugando a las cartas. Mis padres nos enseñaron que es importante ver la felicidad de los otros, no solo buscar propia. Después de San Remo me contactaron diversas asociaciones be-néficas, buscando una voz. A veces pasan cosas que son más grandes que el éxito o la fama: el pasado noviembre, por ejemplo, una chica de 28 años tuvo un accidente de coche y entró en coma; su familia me llamó, y yo grabé un mensaje para ella. Hace poco me telefoneó para decirme: “¡desperté!”.

¿Cómo es su dios?

Se parece un poco a mi madre, y también a mi padre, a muchas personas que conozco… de todas las razas. No tiene cara ni color, pero me está mirando. Y es un dios de amor. A veces le hago muchas preguntas cuando el amor se convierte en pérdida o en muerte…

Los artistas no suelen hablar de Dios…

Pero algunos escriben canciones para él, cartas a dios con preguntas y dudas. Es bello saber que puedes encontrar tus respuestas en algo que no existe físicamente. No estoy de acuerdo con todos los dogmas católicos, pero nunca he tenido dudas sobre mi fe. Creo que cada uno debería de encontrar su propio dios para conocerse mejor. Hoy estamos demasiado aislados, separados, sin tocarnos, y la fe puede darnos la fuerza de creer en algo más.

Banda sonora

Primer Globo de Orocantando en italiano

En pleno 28 aniversario de su primer Festival de San Remo, Pausini, propietaria de un Grammy y cuatro Latin Grammys, acaba de añadir a su brillante palmarés el Glo-bo de Oro por el tema principal de La vida por delante, protagonizada por una Sophia Loren a las órdenes de Edoardo Ponti, y producida por Netflix.
“Es un verdadero privilegio ser la primera mujer que gana uno con una canción en italiano”. Aún recuerdo el día en que llamó Edoardo. Estaba en casa de mis padres, y allí siempre me pasan cosas bellísimas. Me dijo que él, Sophia y Diane Warren [autora de la banda sonora de la película] habían pensado en mí. Volé a Madrid para la fi-nal de La Voz, y de madrugada ví la película. Me enamoré de su mensaje: todos podemos tener una familia. No suelo cantar en inglés, pero aún así dije que sí. Y él me propuso que reescribiera la letra en italiano, y convenció a Netflix. Tardé 18 horas en lograrlo”.

 

Celebrando el Día internacional de la mujer decía usted que algunas mujeres somos jazz, otras rock… ¿y usted?

Un poco de todo: soy mía y de todas, ese es mi equilibro. Amo a las mujeres. Aún hay muchas frágiles, que no creen en sí mismas, pero no hay que tener miedo de ser mujer…

Se la compara con Mariah Carey, ¿tiene amigas entre las divas del pop?

Nos llevamos bien. Pero las americanas, a las que admiro, son muy artificiosas: desde sus vestidos hasta la manera de ser y de actuar. Y solo te llaman si quieren hacer algo de trabajo. Me fastidian con ese “Oh my god!” tan exagerado. A mi me gusta la autenticidad. Las latinas son más cercanas. Como Vanesa Martín o Bebe, que es una mujerona, muy particular, muy interesante, que no te miente y no tiene filtros. A mi me gustan estas.

A menudo viste ropa de Armani, ¿mantiene una relación cercana con él?

Cuando vivía en Milán su sobrina Roberta me dijo que su tío quería conocerme. Yo me sentía gorda, y pensé que no entraría en ninguno de sus modelos. Pero fue muy interesante: él me hizo descubrir mi cara. Me recomendó que usara vestidos oscuros, que no se notaran. Dice que tengo un rostro particular y que es lo que tiene que resaltar. Flipé con él…

¿Padeció el yugo del canon femenino? ¿Tuvo problemas por el peso?

Sí. Sentí su presión. En una ocasión la discográfica me pidió que adelgazara… En los años 90 el canon de belleza era andrógino, minimalista, muy diferente a mí. Y en cambio ahora todas se ponen un culo gigante, como las Kardashian… Hasta los 30 sufrí por ello. Tuve un novio que me decía que estaba muy gorda; estaba muy enamorada, y duró demasiado. Hasta que no lo pude soportar, y maduré.

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