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Rocío Dúrcal, la mujer que llevó todas las tendencias de 2021 hace 50 años

Un día como hoy de 2006 fallecía la actriz y cantante española. Antes de Gucci estuvo ella.

Hoy hace 15 años que Rocío Dúrcal abandonó el mundo de los vivos para entretener con sus canciones a los que ya no están. Murió por la tarde mientras se ponía el sol en su casa familiar de Torrelodones (Madrid). Tenía 61 años y llevaba un lustro enferma; en 2001 le diagnosticaron un cáncer en la matriz y tres años después le descubrieron unas manchas en los pulmones. María de los Ángeles de las Heras Ortiz, como la bautizaron sus padres, es una de las artistas de habla hispana que más discos ha vendido en todo el mundo. En 2005 recibió el Grammy Latino a la excelencia musical. Comenzó a trabajar siendo una cría. Con motivo de este aniversario repasamos la evolución de su estilo al mismo compás del de su carrera.

Rocío Jurado, Rocío Dúrcal y Carmen Sevilla, en los Jardines de Sabatini en los 80.

Marieta, como la llamaban sus amistades, nació en Madrid el 4 de octubre de 1944. Como a toda niña con duende en la España franquista se la pinta como protagonista de la anécdota que cuenta que sus compañeros de clase le pedían que se subiese a un pupitre para cantar y bailar. Otras veces la mesa de una corrala o la barra de un bar sustituyen, en la leyenda de una u otra estrella, al tablero de estudio. Aupada por su abuelo paterno y amparada por su firma, María comenzó a inscribirse en los concursos radiofónicos tan populares entonces. Se hacía llamar Rocío Benamejí o Rocío Fiestas. El nombre lo había elegido el abuelo porque la voz de su nieta le recordaba al primer rocío de la mañana. Con 15 años debutó en la televisión quedando como finalista de Primer Aplauso, una suerte de Operación Triunfo pero sin pasaporte a Eurovisión. Vestía sobre las tablas como se exigía en el año 59: de andaluza exagerando sus rasgos con algo de maquillaje. Al concurso para noveles se presentó con la tonadilla La sombra vendo, popularizada por Marifé de Triana. Por la calle se paseaba como todas las niñas de la dictadura: con falda por debajo de la rodilla, calcetines y coletas.

Fue entonces cuando el representante Luis Sanz se interesó por ella y comenzó a hacer cine. Era muy fotogénica. Canción de juventud fue la primera película que rodó. Ya se apellidaba Dúrcal, como el municipio granadino. Habían elegido el nombre al azar, posando el dedo de la aspirante en un punto del mapa de España con los ojos vendados. En la cinta realmente no interpreta ningún personaje, el papel estaba inspirado en su personalidad. Era un producto prefabricado como Marisol (Pepa Flores) o Joselito (José Jiménez). Según avanzaban los años le aclararon y cortaron el pelo y le arremangaron la falda. Pero no mucho. Ya había aparecido en prime time Massiel con su cortísimo vestido de Courrèges. Dúrcal era la adolescente en la que se debían mirar las jóvenes casaderas del régimen. Un prototipo estereotipado de chica yeyé patria. Simpática, coquetuela, y con don de gentes pero casta. Posaba para las revistas Ama, Tele Guía, TP o Actualidad con la misma inocencia con la que aparecía en las portadas de los discos o en las películas y con los mismos modelos copiados, y previamente censurados, de París y Londres. Durante una época le ajustaban los vestidos para disimular el tamaño de sus pechos y así poder alargar la vida comercial de la niña prodigio.

A Rocío todos estos años le parecieron un juego de críos e incluso se divirtió cantando temas vacíos como Tengo 17 años pero Junior (Antonio Morales) se le cruzó por el camino y le abrió los ojos a un mundo moderno que parecía inimaginable en España. Se conocieron en 1965 durante el rodaje de Más bonita que ninguna, otro pastel como los denominaba la artista, cuando él todavía formaba parte del grupo Los Brincos. No estrecharon lazos sentimentales hasta 1969. Se casaron el 15 de enero de 1970 en El Escorial, lo habían decidido dos semanas antes. Era la pareja más vanguardista, estéticamente hablando, del momento. Él, con el pelo a lo Beatle, llevaba un traje negro de terciopelo sin corbata, abrigo largo con doble botonadura con cuello de piel y zapatos de charol.

Del vestido de novia de manga larga, con una estructura era similar a la de un hábito religioso, se ocupó la firma Herrera y Ollero. Destacaba la abertura delantera a la altura de los pies. Estaba todo ribeteado en visón blanco. El modelo tenía truco; podía mutar en uno minifaldero, como lo lució durante el ágape servido en el Hotel Felipe II y al que asistieron famosos de la talla de Carmen Sevilla, Juan Pardo, Celia Gámez, Vicente Parra, Lola Flores, Augusto Algueró y Paquita Rico. Rocío llevaba la melena recogida en un moño rodeado, también, por una cinta de piel de la que nacía un velo de tul de casi cuatro metros. La Luna de Miel la pasaron en Italia desde donde la recién casada contó a la televisión pública que se había comprado muchísimos zapatos. El 12 de diciembre del mismo año nació su primera hija, la popular María de Al salir de claseCarmen Morales. La cantante posó para las revistas de sociedad en camisón de encaje en el hospital. Había dejado atrás el maquillaje natural.

Rocío Durcal y su marido, Antonio Morales.

En 1972 el matrimonio formó el dúo artístico Unisex. Dúrcal se cortó el pelo a lo garçon y él se lo siguió dejando largo. Jugaban a invertir los estereotipos de género. Se vestían igual (o muy parecido), con esmóquines ajustadísimos, pantalones de campana, chalecos de punto, botines y botas de caña alta con tacón. Abrir un álbum de la familia Morales de las Heras de entonces es adentrarse en una campaña del Gucci pensado por Alessandro Michele de hoy.

Rocío Dúrcal y Junior en los 70.

Dos años después nació su segundo hijo, Antonio. Para el bautizo del neófito su madre se maquillo completamente en blanco, como una María Antonieta setentera, y el padre se vistió con chilaba corta.

Bautizo del segundo hijo de Rocío Dúrcal y Antonio Morales, 1967. El padrino fue Fernando Arbex.

Existe una foto de 1976 en la que Marieta y su marido de origen filipino, acompañados de sus dos vástagos mayores, visten en la playa unas escuetas piezas de baño estampadas con telas vaqueras que siguen resultando transgresoras ahora.

Los cantantes españoles Rocío Durcal y su marido Antonio Morales, de vacaciones con sus hijos Antonio y Carmen, 1976, Marbella, España.

El grupo se disolvió poco después, funcionaban como pareja sentimental pero no consiguieron el éxito esperado como dueto musical. En 1977 Rocío emprendió camino a México para promocionar el álbum Una vez más, en el que colaboró su colega Camilo Sesto como compositor. Otro iconazo de estilo. Durante ese viaje, Dúrcal conoció a Juan Gabriel, el famoso cantante y letrista mexicano. Él la convenció para que grabase un disco de rancheras, Rocío Dúrcal canta a Juan Gabriel. La madrileña se convirtió inmediatamente en un fenómeno de masas al otro lado del Atlántico. Su versión de La gata bajo la lluvia es sencillamente insuperable. Parte de sus cenizas descansan en la basílica de Santa María de Guadalupe de Ciudad de México.

Rocío Dúrcal y Antonio Morales con sus hijos en el aeropuerto de Barajas, 1978

En 1979 Rocío y Junior tuvieron a su tercera hija: Shaila, que también es cantante como sus padres. Según fueron pasando los años el armario de Dúrcal se volvió más convencional y se adaptó a las modas imperantes de cada momento. Sobre el escenario los guiños a los trajes populares mexicanos y el brillo de las lentejuelas se convirtieron en los hilos conductores de su vestuario. Shaila contó en el programa Lazos de Sangre de TVE que Rocío nunca dejaba que nadie viese su ropa antes de estrenarla sobre las tablas. Una vez se enfadó con Juan Gabriel porque un miembro del equipo de El divo de Juárez espió el burro de Dúrcal y éste se presentó frente a los focos con una capa a juego con un vestido de la madrileña.

Rocío Dúrcal y Junior con sus hijas Carmen Morales y Shaila Dúrcal en 2001.

En 1989 empezó a vestirla Mitzy. El diseñador de Michoacán le confeccionó un traje de charra negro y plata y desde entonces no confió prácticamente en la aguja de ningún otro creador. “Le gustaban los bordados, las mangas con las que pudieran jugar y que los vestidos tuvieran colas largas. De hecho, el sueño que no pudo cumplir fue cantar en Bellas Artes y cerrar con una gran final en el que estuviera vestida con un traje rojo pasión con una enorme cauda. Prefería los colores vivos, los azules, los verdes… ¡Ah! Eso sí: le fascinaba enseñar pierna, decía que sus piernas le encantaban. Jamás usó un vestido de show sin antes probárselo”, reveló el modisto en 2006 al diario Crónica. Rocío Dúrcal era una profesional y un icono. Lo sigue siendo. Como rezaba una de sus canciones más reproducidas: eterna e inolvidable.

 

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